Moda sostenible, una tendencia que se queda y crece

Artículo publicado en El País el 12 de septiembre en ocasión de la feria de Ifema MOMAD.

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Decenas de bolsas de ropa aguardan cada semana a ser recogidas en el punto limpio. En verano, cuando se renuevan armarios, la postal más habitual es verlos colapsados. Quizá solo unos pocos sepan qué pasa con la ropa luego; posiblemente los mismos que desconocen que es la segunda industria más contaminante del mundo y muy difícil de reciclar. Las colecciones son rápidas –algunas cambian cada semana– lo que implica abaratar calidades y durabilidad y pagar mal a la mano de obra, sin mencionar el impacto planetario de los tintes, la energía y el agua. Pero el sistema parece haber captado la indirecta. Se está recuperando la artesanía, se lanzan colecciones 100% responsables y las grandes empresas diseñan líneas sostenibles.

“En cuatro años tanto Sustainable Experience como Momad, con su área de exposición divulgativa y solo dos ponencias ha pasado a tener 45 áreas de exposición, 10 ponencias en cada edición”, explica Susana Vela Covisa, responsable del área sostenible de la feria de moda y responsable de la agencia de comunicación de moda sostenible Polka Press. “Vivimos un momento interesante en el que vemos cómo las grandes marcas están lanzando sus propias líneas sostenibles, que muchos pueden criticar como ‘green washing’ [ecopostureo] pero innegablemente tiene un impacto. Hay mucho emprendimiento responsable y se están recuperando oficios artesanos. La mala noticia sería que esto fuera una moda y por tanto, pase. Pero no creo que sea el caso”.

Sabina Deus, diseñadora de D The Brand, piensa igual. Junto a Blanca Pérez Fontán, han desarrollado una colección con materias primas sostenibles y delicados acabados, que ganó la primera edición del concurso Moda, Sostenibilidad y Negocio. Además, estuvieron en el showroom de EGO de la pasada edición de la MBFW. “Nuestra generación [son menores de 30] tiene la necesidad de ser más crítica, tenemos otras inquietudes sociales y ambientales. En moda se llegó a un punto crítico donde tocó plantear estas cuestiones y para el cliente que hace clic, no hay vuelta atrás”, remarca Deus.

La tendencia se consolida en España pero, hasta que se asiente, aún le queda recorrido . “Aquí se compra por precio, no por calidad. ¿Por qué nadie se pregunta cuánto le pagan a la persona que produce una prenda por la que tú pagas 4 euros? Un material responsable, un etiquetado lleno de información de valor, un buen empaquetado… Todo eso suma y esos precios no son reales”. Además, son imbatibles para estas pequeñas empresas; de ahí que su posicionamiento, muy firme, se sostenga sobre las historias humanas, la trazabilidad, los materiales y la confección. “Y los diseños, porque no podemos olvidar que estamos haciendo moda”, explican.

Bolso de Anuscasfamily
Bolso de Anuscasfamily

Es el mensaje en el que insiste Ana Jiménez, de Anuscas Family, cuyos bolsos de diseño hechos con materiales recuperados de sastrerías, están presentes en Sustainable Experience desde la primera edición. “Tienes que tener una imagen de marca sólida, que perdure, y un diseño que se adapte a la pauta del mercado, pero sin dejarte llevar por la rueda de las grandes”, cuenta Jiménez, “y quizá no puedes sacar cuatro colecciones al año y te quedes en dos, pero incorporas artículos nuevos porque te adaptas al mercado en el que estás”. Su visión sobre la sostenibilidad no tiene tanto que ver con los sellos y certificaciones sino que está vinculada a lo local; de hecho, recibe a sus clientes en el taller y allí eligen cortes y materiales. “Fabricamos conforme a pedido y con proveedores locales. Para mí no tiene sentido comprar algodón orgánico en Sri Lanka, para una empresa pequeña eso no es sostenible.

Certificaciones y sellos

El asunto de las certificaciones es uno de los más delicados de tratar en el sector. En efecto hay varios que verifican el origen y la trazabilidad y muchas empresas (por ejemplo, la vasca Skunkfunk, con una colección 100% sostenible o One Oak) auditan su impacto ambiental. Pero no todas las empresas entran en el sistema; gran parte de ellas por el desembolso que supone auditar sus materiales y procesos. De ahí que den más valor al trabajo cercano y a la artesanía, que suele ser uno de los diferenciales de este tipo de moda, que quiere acercar el concepto de lujo. “Cuando hablamos de lujo no solo hablamos de alta costura, hablamos de recuperación de oficios, de bordados, de hilaturas… Y también de la calidad y durabilidad de una prenda, que sea una inversión”, matiza Vela.

Un buen ejemplo de esta forma de entender el lujo es la marca que dirige Ana Cuevas (Ana Ikigai), cuyas colecciones recuperan la hilatura y la lana de alpaca y se producen en pequeños talleres localizados en Santander y Bilbao. Defiende que “se puede ganar dinero y hacer una empresa muy rentable haciendo las cosas artesanas, ese es el máximo lujo”. Cuevas, que defiende la artesanía en la moda, cree que éste “e incluso el animal del que sale la lana, imprimen una energía propia a la prenda”. De ahí que la ropa que compramos en las tiendas “sea fría, porque está vacía; le falta la atención de la persona que la trata”.

Para ella, uno de los problemas que tiene la moda es precisamente “la conexión con las personas”; por eso defiende que cada vez habrá más tiendas propias, muchas en forma de taller; eventos, más recursos y creatividad, y asegura que las grandes marcas querrán aprender a hacerlo. “Creo que toda empresa que no evolucione en ese sentido va a fracasar. Todas las que no estén involucradas con el trato humano y el cuidado al medio ambiente no van a progresar”.

Joyas ecológicas

Luz Rodríguez, madre de la marca de joyas Nehcaa Jewelry, vincula sus colecciones a causas y proyectos vinculados a la sociedad, especialmente a las mujeres.“Mi plata es ecológica porque para extraerla no se usa ni mercurio ni cianuro. Ni las joyas ni las prendas de ropa pueden estar ligadas al sufrimiento, ni de las personas y del territorio”, cuenta la diseñadora, que es también ingeniera química con doctorado en ciencias naturales. “Es básico explicar bien lo que hacemos. En mi caso, especialmente, porque la sostenibilidad en joyería no se conoce. De ahí el seleccionar muy bien quién vende tus diseños, preferiblemente tiendas sostenibles, donde el cliente ya sabe a lo que va y se le puede informar mejor”.

La distribución es uno de los mayores retos de estas pequeñas marcas; pues su atractivo reside en que su forma de hacer las cosas es cercana y más honesta. Así que la forma de vender los diseños viene a través de historias. De las suyas, las de sus artesanos, las del diseño. “Nos gusta sumar gente a nuestra revolución y a nuestro universo y no nos cuesta contarlo como una historia porque lo que hacemos es coherente y es de verdad”, señalan las chicas de D The Brand. Aunque este lenguaje es más ágil en generaciones como la suya, todos los diseñadores tienen una identidad y una historia humana, filosofía y valores que les gusta recoger en forma de vídeos, textos y publicaciones en sus tiendas online y en sus redes. “Uno de los principales problemas de la moda sostenible es la falta de educación y de formación, lo que se convierte en un coladero de mensajes y productos irresponsables”, remarca Susana Vela.

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