El agua, también una cuestión de género

AUARA_Tamarou_Benin_Pozo terminado_proyecto_2016Este artículo se publicó en El País por el día del agua 2018 bajo el título de «El poder transformador del agua» e incluía una mención a CocaCola y Heineken. Las empresas extractivas, con alto impacto en el cauce hidrográfico, intenten compensar este perjuicio con acciones en la naturaleza, vinculadas a parques naturales y áreas protegidas.

Las organizaciones no gubernamentales ponen el foco en las políticas de gestión de agua como forma de ayudar a las zonas subdesarrolladas a vivir de una forma más digna, justa y equitativa

Desde esta parte del mundo se repara poco en la importancia de la infraestructura y cómo afecta a los usos y costumbres de los pueblos. Hay países donde los niños no van al colegio porque van a buscar agua, como las mujeres. Y hay lugares sin baños, y amén de la falta de higiene e intimidad, la hora del baño trae abusos sexuales con frecuencia. Un pozo de agua, una planta de potabilización o una obra de saneamiento no les trae solo agua para beber: también les enseña buenos hábitos de higiene para evitar enfermedades, les empodera para cuidar las infraestructuras y en muchos casos sirve para que los niños y las mujeres vivan la vida que les corresponde. “Intentamos asociar las infraestructuras de agua a otras que le den sentido como hospitales o colegios”, explica Antonio Espinosa, uno de los fundadores de Auara, que vende botellas de agua mineral y que reinvierte los beneficios en proyectos de agua en países en vía de desarrollo.

Auara vende agua para que otros beban

Esta empresa social con sede en Madrid empezó hace poco más de dos años a embotellar agua de manantial y sus beneficios se reinvierten en proyectos relacionados con el agua. Tienen a su espalda 21 proyectos en 12 países, la mayoría en África, pero también han ayudado en Haití y Camboya. Antonio Espinosa, uno de los dos socios, es un arquitecto de 27 años y había sido voluntario en Perú, Camboya y Etiopía. “Allí, los mayores problemas de estos países vienen por el agua”, cuenta, así que a su vuelta decidió convertir este activismo en su modo de vida. Venden agua de manantial y seleccionan organizaciones que reparen pozos y hagan proyectos de agua con los beneficios de las botellas. Han de trabajar sobre el terreno y hacer seguimiento cinco años. Esto clave: “hay muchos pozos abandonados; hemos de formarles para que sepan y quieran arreglarlos”, apunta Antonio. Uno de sus proyectos está relacionado con el VIH. “Un chamán infectó a media comunidad de Battanbang (Camboya); construimos diez letrinas para evitar el contagio”. Al colocar baños cerca de las casas y no tener que marchar al río, se empezó a reducir el acoso sexual que se daba en ese ‘baño público’.

Nepal Sonríe y su pozo escolar

Tras el terremoto de Nepal (y sus réplicas) que asoló el país, muchos voluntarios que marcharon para allá a ayudar. Nepal sonríe es una ONG trabaja con niños. Acaban de construir un pozo en la localidad Bastipur. La escuela fue primero; la construyeron por fases y mientras los niños iban llenando las aulas, el agua iba llegando en bidones que los voluntarios iban a buscar al camión cisterna. “Hay una enorme dispersión geográfica en la zona y la escuela no forma parte de red de saneamiento alguna así que nos pareció fundamental construir un pozo que tiene salida a la cocina y de los baños. Además, el agua tiene filtros para potabilizar, no la cogemos tal cual”, cuenta Pilar Díaz Romero, una de las portavoces de la ONG. Para conseguir llevarlo a cabo, Nepal Sonríe pidió un presupuesto y después lo compartió en su página web para poder cerrar la cifra para una campaña de ‘crowdfunding’ (micromecenazgo).

ONGawa: el agua y la brecha de género

“Si le hablas a los gobiernos de cambio climático, de gestionar un bosque quizá no te haga caso, pero el agua es un tema que no admite discusión”, apunta Cristina Vela, responsable de programas en Nicaragua de ONGawa. La organización, antes llamada Ingenieros Sin Fronteras, trabaja en cooperación internacional en África y América Latina. Se dedica, entre otras cosas, al agua y el saneamiento, a la gestión de recursos naturales y a las TIC. “Trabajamos el agua como espacio donde las mujeres se empoderan. Durante años, ellas iban a por el agua. Pero cuando el agua se profesionaliza se vuelve un asunto de hombres, desaparecen. En la escuela de lideresas les enseñamos a tomar el poder”. Así, hay mujeres en los llamados comités del agua potable que ocupan puestos de tesoreras, gestoras o directoras. “Existe una brecha en cuanto a la gestión de poder que tiene mucho que ver con que ellas mismas no se trabajan como personas y ese también es nuestro papel: que sepan resolver conflictos y expresarse, y ser fuente de inspiración para otras”. Lidian en un mundo “con una gran desigualdad, con violencia machista” pero el reto es conseguir, además de tener voz, que las infraestructuras contemplen el género: la mujer necesita otra intimidad, especialmente en lo relativo a su higiene menstrual. Al igual que Auara –con los que, de hecho colaborarán en su próximo proyecto– es fundamental que la comunidad y la municipalidad, el gobierno local se involucre.

Una fábrica de agua potable para Lungi

“Parece increíble que después de pasar dos guerras civiles y el ébola no se les vaya la sonrisa de la boca”, explica Ana Meyer, jefa de proyecto en la ONGD Juan Ciudad, con una gran implicación en la zona y en el ámbito socio sanitario. Su organización, responsable de poner en marcha la clínica San Juan de Dios de Lungi (con una población de algo más de 8.000 habitantes y a 40 kilómetros de la capital, Freetown) daba a finales de año el visto bueno a una fábrica de agua potable que extrae, envasa y distribuye en camión agua en bolsas de plástico (parecidas a las de plasma de sangre) a hospitales y a poblaciones cercanas. “Se vende a precios asequibles y lo que se gana se reinvierte en proyectos y tratamientos médicos, especialmente para pacientes que superaron el ébola pero que han quedado estigmatizados”. El distrito de Port Loko, en Lungi, fue uno de los más afectados por ébola entre 2014 y 2016. “Para estas personas, es clave el acceso al agua y la disponibilidad inmediata ya que sus posibilidades para desplazarse son reducidas”, explica Meyer. ¿Y por qué una planta de fabricación de bolsitas y no un pozo? “El pozo suele quedar lejos para la mayoría y el camión facilita el acceso a todos”.

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