Fuera de la rutina: Viajes en busca del silencio

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Vista del parque natural de Monte Perdido en el prepirineo. Casa Cuadrau.

Publiqué en El Viajero un sugerente reportaje sobre la importancia del silencio… Un par de años antes, en Cambio 16, ya habíamos tocado el tema con ‘retiros para curarnos de la inmediatez‘. Lejos del tráfico, de las multitudes y de los teléfonos móviles existe un turismo cuyo objetivo es huir del ruido. Es el turismo de desconexión.

El silencio es un sonido. Se escucha cuando no se oye nada, ni un tintineo, ni un segundero, ni un teclado. Las ciudades y sus ruidos atrofian el oído… y el ruido está en todas partes. En cláxones y conversaciones, en pantallas y altavoces, en lo que comemos y olemos. Viajar es escapar. Y escapar no es solo huir del estrés. El turismo de silencio regala salud y crece. (…)

“La naturaleza suena, el silencio total no existe, pero es necesario para el descanso de la mente”, dice Daniel Benito Po, uno de los padres de la Casa Cuadrau, un alojamiento en la aldea de Vio (Huesca) que acoge retiros de meditación. “La palabra consume muchísima energía. La contaminación acústica y sensorial de las ciudades tiene consecuencias como el estrés, la ansiedad, la agorafobia y los pitidos en los oídos”, explica. Muchos de sus clientes buscan, por alguno de estos motivos, una plaza en este altiplano del Monte Perdido. “Los acúfenos son un problema frecuente y la meditación puede reducir estos ruidos”, insiste Benito Po.

Propuestas como esta ofrecen permanecer, al menos en determinados momentos del día, en absoluto silencio, “lejos de la tecnología, de los libros, de los teléfonos y de las voces”, dice este profesor. “Comer callado ayuda a saborear con todos los sentidos. Callamos en clase o durante una caminata meditativa. De primeras, puede dar miedo”, explica, “porque asociamos el silencio con estar enfadado o con algún problema”. Pero se trata de un entrenamiento liberador que ayuda a escucharse. “Una vez que la mente se deja libre, esta corre”.

Antes de hacerse profesora de yoga, Cándida Vivalda, que imparte Jivamukti y talleres de meditación en Madrid, buscó espacios para el silencio en Asia. “Esperaba encontrar respuesta a mis inquietudes”, relata. El viaje de Vivalda la llevó al monasterio de Kopan, en Nepal. Allí vivió en silencio durante 12 días. “Hay que liberarse de interacciones y mensajes continuos, de notificaciones que nos exigen estar hablando casi siempre”, dice.

Tíbet o el Camino de Santiago

Hay sitios para el recogimiento en todo el mundo. Desde los templos budistas del desierto del Gobi a los de Ladakh, en el Tíbet. El Camino de Santiago es transitado anualmente por millones de viajeros, y hay monasterios de clausura como el Divino Salvador (en Ferreira de Pantón, Lugo), en plena Ribeira Sacra, que ofrecen retiros de una semana. Y esta misma filosofía, en efecto, se traslada a algunos hoteles, que responden con su oferta a una demanda en crecimiento: desintoxicarse de tecnología. Las cadenas hoteleras Barceló y Vincci ofrecen paquetes de este tipo en algunos de sus alojamientos en Marbella, Sierra Nevada o Chiclana.

Aislarse. Es lo que buscaba Ines Muller, una joven francesa que dejó su puesto de directiva de marketing online. La primera tentativa llegó el pasado verano, cuando aterrizó en una granja en la localidad de Cimo de Vila, cerca de Arnoia (Portugal). Pasó un mes rodeada de animales, filtrando agua de lavanda. Y no fue capaz de volver a la ciudad. “Cuando regresé al ruido, me di cuenta de que necesitaba volver a huir”, explica la joven, de 25 años. Ahora vive y trabaja en esta granja, “es un alivio no tener que lidiar con el estrés de miles de personas”, dice.

El mítico gurú indio Swami Sivananda (1887-1963) escribió: “Siente el silencio, tócalo y saboréalo. El silencio es la música de tu alma”. Es esta filosofía la que inspira a cada vez más viajeros. Y marca tendencia. “La gente se empieza a dar cuenta de la inercia que produce la contaminación sensorial”, explica el dueño de Casa Cuadrau. “Cuando quitamos esos ruidos, empezamos a escuchar el ruido interno. El silencio da espacio y eso da lugar a escuchar lo que nos dice el cuerpo… Esta forma de viajar modifica muchas vidas”.

(…)

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