La guerrilla contra la obsolescencia programada

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La guerrilla contra la obsolescencia habla alemán

Dos años lleva una asociación de consumidores en Alemania peleando contra la obsolescencia programada. Estos rebeldes usan como armas catálogos de instrucciones, destornilladores. Y como bandera, el derecho a poder reparar sus electrodomésticos, sentenciados a muerte en las fábricas donde los inventaron. En Berlín, ingenieros y vecinos se reúnen en cafés, invernaderos y talleres para salvar sus trastos rotos. El movimiento de los repaircafés forma parte de la plataforma ‘Murks? Nein, Danke’, una asociación que dice perseguir “chapuzas” y que lanza libro en septiembre con el mismo nombre. 

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Belén Kayser. Berlín.- Como si se tratase del cuartel general de unos servicios secretos de película, el repaircafé de Tempelhof se camufla entre hiedras y árboles. Un grupo de vecinos intenta salvar un viejo radiocasete que hasta hoy ha guardado polvo en un viejo sótano, de esos que en Berlín fueron refugio de la Segunda Guerra Mundial. Tres jóvenes estudiantes de ingeniería les ayudan. Entre café, zumo y trozos de tarta, los dueños de un radio despertador, un reloj y un reproductor de deuvedé esperan su turno leyendo manuales de instrucciones y colocando con esmero sus herramientas sobre la mesa de trabajo.  De los 400 repaircafés que hay en el mundo, el 20% está en Alemania. Estos talleres son parte del movimiento Murks? Nein, Danke! (¿Chapuza?, ¡no gracias!), una batalla contra la obsolescencia programada que nació hace dos años de la mano un consultor, Stefan Schridde (Oldenburg, 53 años), y cuya red social de consumidores inconformistas crece por los cinco continentes gracias a la Red.

Murks nació para buscar víctimas de la obsolescencia y hacer un ejército de resistencia y acción contra ella. “Los alemanes somos una sociedad matemática, científica y las cosas deben funcionar, es a lo que estamos acostumbrados”. Al coordinador de la plataforma le indigna que con la etiqueta ‘made in Germany’, sinónimo de calidad y durabilidad, se vendan productos marcados para romperse. “Tenemos obsesión por que todo tenga garantías. Aquí todo lo que se produce lleva una etiqueta de calidad”. El problema viene, sin embargo, porque las marcas trabajan por ese primer sello y luego bajan la calidad. “El primer lote de un producto es bueno y resistente y cuando consigue la certificación, baja el nivel de exigencia y se le pone fecha de caducidad”.

“La calidad es un derecho social”, se queja, “tenemos derecho a saber cómo está fabricado el aparato que compramos”. Por eso, porque lo consideran “un tema amoral que afecta al sistema alemán”, la plataforma quiere institucionalizarse y que el Gobierno les apoye. “Queremos sentirnos orgullosos de nuestro país”, demanda, “exigimos alargar de dos a cinco años la garantía de los productos”. En 2015, la asociación quiere participar en la Semana Europea de la Movilidad. Además, esperan tener el respaldo económico “de autoridades, instituciones, municipios y empresas” de todo el mundo. La página web de Murks (murks-nein-danke.de) está en varios idiomas y el libro se va a traducir al inglés y al español (los fragmentos citados han sido traducidos por la autora del reportaje).

En talleres como el de Tempelhof, una vez al mes, Celina Schmidt y el ingeniero de sistemas Oliver Hildendorf, coordinan la reparación de los aparatos electrónicos que sus vecinos daban por muertos. El movimiento de los cafés, pequeños talleres de vecinos que se juntan para arreglar sus aparatos rotos, empezó el 18 de octubre de 2009 en Amsterdam. Los alemanes, amantes de las asociaciones, la ingeniería y las cartas de reclamación, apadrinaron el concepto rápidamente. Bar de la reparación, café de los artesanos, taller de los aficionados… Colonia fue la primera ciudad alemana en ponerlo en marcha en la primavera de 2012. A día de hoy, hay más de 80 repartidos por todo el país.

El joven Oliver Hildendorf se unió al proyecto preocupado “por el futuro de nuestro sistema económico”. A él le apasiona el proyecto porque, “además de conocer gente de tu región con la que compartes mucho y a la que puedes ayudar, se evita el derroche de recursos naturales y es útil para el individuo, que ahorra dinero”. Al final del día, el equipo de Oliver y Celina habrá conseguido reparar uno de cada dos aparatos. A veces hay más éxito, pero no siempre es fácil ganar la batalla a las grandes compañías. Para Hildendorf, el proyecto Murks es bueno porque es “pragmático, no romántico”. “Nos paramos delante del problema, analizamos su origen e intentamos desentrañar cómo se ha construido. Desde ahí, intentamos o bien repararlo o aprender de ello”. Tampoco consideran que “vaya a sacar de la crisis a ningún país”. Pero “una sólida red social ayuda a la propagación de la idea”.

Lo llaman virus. El virus del “lo siento, no se puede reparar”. Su vacuna es “el buen servicio técnico”. El diagnóstico de productos en el libro de Schridde es un “catálogo de chapuzas” que quiere “hacer reflexionar a la industria”. Tanto es así que el autor planea crear “el Premio Murks”, que se dará a todas las empresas que, después de verse señaladas, recapaciten y mejoren sus productos. La asociación no teme denuncias ni represalias de las grandes compañías. “Lo que hacemos es una enorme reclamación”, cuentan, “en Alemania estamos siempre haciendo presión en ese sentido, nos quejamos todo el rato por carta”. De hecho, en el libro, además de repasar casos de consumidores desde la primera queja a la resolución del problema, el autor enseña cuáles son las mejores formas de protestar por carta y cómo actuar en cada caso.

“¿Nunca te has planteado por qué no puedes abrir tu teléfono para quitarle la batería?”, exclama Schridde con gesto indignado desde su despacho, “no puedes porque no interesa que puedas arreglarlo”. Alcanza con la mano derecha uno de los muchos objetos que le rodean en su salón y explica: “esta pieza es de un lavavajillas. ¿Qué dirías que pasa cuando se te rompe?”, pregunta indignado, “lo primero, claro, es que lo llevarías al servicio técnico más cercano. ¿Y sabes qué te van a decir? Que la pieza está rota y que por eso tienen que cambiarla. Entonces, te dan un precio, y te das cuenta de que merece más la pena tirar ese electrodoméstico y comprar otro. Esa pieza le costó al productor 3€”. Este mismo ejemplo se repite con otras “chapuzas” como lavadoras, cepillos de dientes eléctricos, maquinillas de afeitar y cafeteras. “Tostadoras y cafeteras jamás fueron diseñadas para ser prácticos, sino bonitas, un objeto de decoración para las cocinas”, cuenta el alemán.

Más de mil productos están registrados en un catálogo que Schridde empezó a elaborar hace dos años. El volumen se va completando con las experiencias de descontentos que explican con todo lujo de detalles sus casos en la web o en Facebook. “Muchos de ellos son ingenieros o técnicos que han intentado arreglar esos mismos aparatos. A veces tienen éxito, otras no, pero en muchos casos nos cuentan qué pieza activará la obsolescencia programada”. “Hay que actuar, y eso hacemos, de nada sirve mirar las montañas de basura en Ghana”, recuerda en alusión al documental ‘Comprar, tirar, comprar’ (RTVE, 2011). La cinta de Cossima Dannoritzer cambió a Schridde, que planeó, prácticamente al acabar los títulos de crédito, una ofensiva para luchar contra la industria que “nos obliga” a tirar y comprar constantemente.

Basura creativa 

De los contenedores de reciclaje el equipo Murks saca ideas para trabajar con niños. En Berlín, al menos un fin de semana al mes hay una convocatoria para que padres e hijos construyan robots con piezas de aparatos rotos. En la última cita, el segundo fin de semana del mes de septiembre, el terminator-cámara se convirtió en la estrella de la jornada. “Ellos disfrutan muchísimo, porque no están acostumbrados a ver cosas que se arreglan y para ellos todo es un juego. Su creatividad nos da mucha energía para seguir adelante con Murks”. Desde primavera, el proyecto recorre Alemania en forma de showroom. En esas exposiciones, con coloquios y talleres temporales e itinerantes, son la antesala del ya proyectado Murkseum, en el que la asociación cuenta con la ayuda de la escuela superior de Economía y Técnica de Berlín. En este proyecto, el equipo expone las cartas marcadas de los grandes electrodomésticos que se rompen sin previo aviso.

Guía para combatir la obsolescencia programada 

  • www.repaircafe.org. Existen 400 RepairCafés en el mundo en los que se pueden arreglar cosas.
  • www.anstiftung-ertomis.de Es la coordinadora en Alemania de los repaircafés, tiene un buscador de cafés y centros de jardinería urbana donde también se reparan herramientas. La página tiene traducción al inglés.
  • www.ifixit.com Es una página gratuita donde se pueden reparar desde ordenadores a iPhone por medio de sus tutoriales. Los repaircafés de Alemania lo usan como guía, sobre todo para reparar productos Apple.
  • www.mein-macher.de Unas páginas amarillas donde podrás encontrar cualquier servicio de reparación del producto que elijas. Busca por código postal, pero está en alemán.
  • www.offene-werkstaetten.de Completísimo portal con las redes de proyectos, banco de tiempo y cafés de reparación. Interesante si vives en Alemania o si sabes alemán, porque la página no está traducida.
  • www.akkutauschen.de Ayuda para todo aquel que quiera saber cómo reemplazar sus baterías sin tener problemas con el espía de la obsolescencia. La página está en inglés, francés y alemán.
  • www.garanbo.de A modo de curiosidad, es una página alemana para descargar las garantías y organizarlas. También te ayuda a encontrar vacíos legales en la venta de los productos y su caducidad.

publicado en la revista Ballena Blanca en septiembre de 2014, escrito desde Berlín

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